TEXTO
El encuentro transmediático | Una conversación con Natalie Wynn (ContraPoints)
FUENTE
SoFilm Francia núm. 101, SoFilm España núm. 92
FECHA
5 de septiembre de 2023 (grabación) | Enero de 2024 (publicación)
MAQUETA
Ignacio Carbajosa
A pesar de su ocasional apariencia de melancólica princesa decimonónica, Natalie Wynn ha librado algunas de las bata- llas más duras de las guerras culturales de la última década. Montó un divertido teatrillo internáutico en su dormitorio, al que llamó ContraPoints, y desde ese canal de YouTube lucha por la justicia social, armada de diálogos socráticos y maqui- llajes delirantes. Desde él también cambió de género frente a millones de personas. Me acerqué a su casa de Baltimore para tomar el té, mencionar películas (iba en nombre de una revista de cine) y dejarnos llevar por la conversación.
A.O.
Voy a empezar apuntando a American Dharma de Errol Morris2. Por una parte porque es un documental en el que el director conversa con Steve Bannon usando películas como referen- cia, que es el formato que te he propuesto para esta entrevista. Por otro porque me parece que Bannon es una figura central en el cambio ideo- lógico que se ha producido en Estados Unidos. Alguien que conectó el Tea Party, Sarah Palin, Donald Trump y hasta el gamergate, campa- ña de acoso a la que acabas de dedicar un vídeo exclusivo para tus mecenas. ¿Dónde empieza el actual ciclo político estadounidense?
N.W.
Definitivamente durante la administración Obama y, sí, el Tea Party es un buen punto en el que marcar ese inicio. Pertenece a la misma secuencia reaccionaria que Trump. El gamergate parece algo muy de nicho, chava- les que juegan a videojuegos, pero fue lo que afianzó a Breitbart como la plataforma digital de la alt-right y eso fue lo que llevó a Bannon a ser el director de campaña de Donald Trump y luego estratega jefe de la Casa Blanca. No solo el gamergate no es algo trivial sino que es repre- sentativo de esta ola reaccionaria. Su paranoia es similar a la que impulsó el birther movement, esa teoría de la conspiración promovida por Trump según la cual un presidente negro en América no podía ser americano. Ambos movimientos tienen en común ese impulso xe- nófobo de explicar todo lo que no les conviene por inter- venciones exteriores, no americanas, que no responden a las dinámicas internas del país. La aparición de video- blogs que hablaban de cuestiones de raza y género en los videojuegos creó una sensación de cambio inminente y amenaza en una parte de la comunidad gamer que, en vez de verlo como un reflejo de que el mundo incluye a más gente que a ellos, que sería una manera normal y no narcisista de verlo, dio pie a teorías de la conspira- ción que hablaban de mujeres que prosperaban en la in- dustria del videojuego por acostarse con hombres y por escribir artículos tachando los videojuegos de sexistas. De una manera u otra, la mayoría de los seguidores de Trump en 2023 cree en algún tipo de teoría de la conspi- ración. Desde el fraude en las elecciones de 2020 a cosas más y más delirantes que acaban en QAnon3, donde se habla de canibalismo, satanistas y demás. Es el ciclo polí- tico actual pero en realidad es algo muy viejo. Todas estas reacciones tienen la estructura que tradicionalmente ha tenido el antisemitismo. Son libelos de sangre. La idea de que detrás de las cortinas hay una cábala que sacrifica ni- ños y esa es la razón por la que el mundo está cambiando y me estoy quedando atrás. En última instancia, las teo- rías de la conspiración hacen el mundo más simple. Te cuentan que si nos podemos deshacer de «ellos» todo irá bien. Cuando en realidad, lo siento, el mundo es un sitio complicado en el que están pasando un montón de cosas terroríficas, como el cambio climático, que son reales y están a la vista de todos.

1. Natalie Wynn (fotografía: Andrés Oliva)
A.O.
Tuviste varias experiencias formativas y tentati- vas profesionales antes de tener éxito con Con- traPoints, que empezaste con 28 años en 2016, como respuesta a aquel auge reaccionario.
N.W.
Desde los catorce he querido ser artista. Estar en un escenario. Estudié varios años de piano en el Berklee College of Music con la intención de dedicarme a la música pero lo acabé dejando, probablemente de ma- nera prematura. Tenía diecinueve años y me desani- mé porque ves a virtuosos del piano que tienen trece y dices para qué me voy a molestar. Me parecía que ya era demasiado mayor, aunque ahora me doy cuenta de que con esa edad no se es realmente vieja para nada. Si hubiera tenido más paciencia podría haber seguido intentándolo y probablemente llegar a algún lado pero lo dejé para estudiar filosofía y psicología.
Me gradué con buenas notas y hubo un año en el que trabajé como asistente de investigación en un laborato- rio neurológico. Cuando empecé con el Doctorado en Fi- losofía me di cuenta de que la academia no era algo a lo que me quisiera dedicar. También traté de escribir his- torias pero nadie lee relatos. Bueno, hay quien lo hace. Yo lo hacía. Pero es muy duro encontrar un público para eso y yo tenía la necesidad de una audiencia. YouTube me la ofrecía e incluso daba la posibilidad de una paga. También me permitía juntar los talentos que había ad- quirido durante todo ese tiempo y hacer algo nuevo. Me resigné a una vida de clase trabajadora. Era conductora de Uber, daba clases de piano aquí y allá y reservaba las actividades creativas para mis ratos libres.


2. American Dharma (Errol Morris, 2018)

3. Q: Into the Storm (Cullen Hoback, 2021)
A.O.
¿Cómo era el YouTube que te encontraste y
cuál crees que fue tu rol en él?
N.W.
Llevaba haciendo vídeos desde 2007 pero consistían en yo tocando el piano o despotricando a cámara porque te- nía 22 años y era lo que tocaba. No me puse en serio con ello hasta 2016. En ese momento lo que predominaba políticamente en esta plataforma era una especie de dere- chismo populista internetero. No existía la diversidad que hay hoy. Siempre hubo alguien promoviendo ideas pro- gresistas. Había vloggers como Anita Sharkeesian, de Fe- minist Frequency, que presentaba ideas feministas ya allá por 2009. También programas como The Young Turks. Pero todo explotó en 2016. No sería de recibo negar que he tenido algo de influencia en ese crecimiento, porque soy una de las que más seguidores tiene de esa época, pero una versión de esto iba a ocurrir de una manera u otra porque al hilo de las elecciones de 2016 hubo mucha más gente que empezó a seguir la política. Yo llegué ahí pronto con una serie de ideas que se salían de lo que se esperaba de un videoensayo de izquierdas. Pero estoy se- gura de que si no hubiera estado yo, otra lo habría hecho. En términos audiovisuales, la mayoría del contenido político era lamentable. Un montón de gente grabán- dose con iPhones en dormitorios desordenados. No le echaban ganas. Los vídeos de ASMR, en cambio, me parecían muy imaginativos y agradables de ver. Esos creadores se preparaban los decorados, el vestuario y utilizaban una iluminación colorida. Quise introducir elementos de ese tipo. Siempre me han gustado pelí- culas como la Suspiria de 19774. Puedo quedarme absorta viendo fotogramas sueltos suyos. Esos colores vibrantes le sientan tan bien a mis ojos… Me puse a aprender corrección de color porque quería que mis ví- deos se parecieran a eso.
A.O.
Hablando de películas visualmente abruma- doras, recuerdo ver un póster de Paprika5 en tu dormitorio en alguno de tus directos o de- bates. ¿Significaba algo esa película para ti?
N.W.
Es posiblemente una de mis películas favoritas. La mencioné en mi tangente sobre experiencias psicodéli- cas porque me parece una de las grandes pelis acid de todos los tiempos. Tiene este lenguaje audiovisual que recuerda a determinados estados mentales alterados. Me encanta la manera en la que está editada, las transi- ciones. Satoshi Kon tiene otros títulos más conocidos, como Perfect Blue, pero hay otras películas más pareci- das a Perfect Blue, que tiene algo de Hitchcock, pero no sé de nada que se parezca a Paprika.
A.O.
Hay quienes le ven similitudes con Inception pero no deben ser tantas porque la de Satoshi Kon me gusta mucho y la de Nolan casi nada.
N.W.
Sí, sí, me pasa lo mismo.
A.O.
Dentro del propio cine de animación japonés podrías probar con Mind Game, el debut en largo de Masaaki Yuasa. En algunos sentidos es incluso más loca que Paprika. Pero volvien- do al «momento Bannon»: ¿qué conexión ves entre aquel sector resentido de los gamers y, por ejemplo, los trabajadores precarizados de un documental como American Factory6?

4. Suspiria (Dario Argento, 1977)

5. Paprika (Satoshi Kon, 2006)

6. American Factory (Steven Bognar, Julia Reichert, 2019)